La noche de la boda asi termino

INT. APARTAMENTO DE VÍCTOR — DORMITORIO — NOCHE

La celebración ha terminado. Sobre una silla descansan el saco del novio y la corbata que Sofía le ayudó a escoger semanas atrás. Ella continúa con el vestido de novia, inmóvil junto a la cama. A sus pies hay una prótesis de silicona: un abdomen artificial sujeto a una estructura de tela que, hasta hace unos minutos, Víctor llevaba debajo de la camisa.

Víctor permanece frente al armario, con el torso descubierto. Intenta acercarse, pero Sofía levanta una mano para detenerlo.

SOFÍA: Quédate ahí. Primero explícame qué es eso y por qué lo llevabas puesto.

VÍCTOR: Es una prótesis. La utilizaba para cambiar mi apariencia.

SOFÍA: Ya veo lo que es. Te estoy preguntando por qué mi esposo necesitaba disfrazarse para estar conmigo.

Víctor recoge la camisa de una silla y se la pone. Sofía sigue cada movimiento, tratando de reconocer en aquel hombre al que acaba de darle el sí.

VÍCTOR: No empezó por ti. Había personas que podían reconocerme y necesitaba acercarme a ellas sin llamar la atención.

SOFÍA: ¿Qué personas?

VÍCTOR: Algunas relacionadas con las empresas a las que les debes dinero.

Sofía lo observa unos segundos. La vergüenza que sintió al descubrir la prótesis empieza a convertirse en desconfianza.

SOFÍA: ¿Qué tienen que ver mis deudas con tu cuerpo?

VÍCTOR: Cambiar la silueta me ayudaba a pasar desapercibido. También usaba otra ropa, otra postura. Sabía en qué lugares podían buscarme.

SOFÍA: La cara es la misma.

VÍCTOR: Sí. No era una identidad nueva. Servía para evitar que me reconocieran de lejos, en una fotografía o al entrar en una oficina. De cerca podía fallar.

SOFÍA: Pues conmigo funcionó bastante bien. Durante meses me hiciste creer que conocía al hombre con el que estaba.

Víctor baja la mirada hacia la prótesis.

VÍCTOR: Debí contártelo antes.

SOFÍA: Antes de la boda, por ejemplo. Antes de dejar que entrara a una iglesia delante de toda mi familia.

VÍCTOR: Sí.

La respuesta directa la desconcierta, pero no reduce su enojo. Sofía se aparta de la cama y toma su bolso.

SOFÍA: Voy a llamar a mi tía. Esta noche me voy con ella.

VÍCTOR: Puedes irte. No voy a impedírtelo. Pero hay documentos que necesitas ver antes.

SOFÍA: ¿Ahora vas a enseñarme documentos?

VÍCTOR: Sí. Y después puedes llevártelos, buscar un abogado y comprobar todo sin mí.

Víctor señala el pequeño escritorio junto a la ventana.

VÍCTOR: Están en el primer cajón. Sácalos tú.

Sofía duda, abre el cajón y encuentra un sobre grueso. Dentro hay contratos, movimientos bancarios y varias fotografías. Reconoce el nombre de dos empresas con las que ha firmado acuerdos de pago. Después encuentra una imagen de su padre, sentado en una terraza junto a Víctor.

Deja el bolso sobre el escritorio.

SOFÍA: ¿De dónde sacaste esta foto?

VÍCTOR: Conocí a tu padre.

SOFÍA: ¿Cuándo?

VÍCTOR: Hace cinco años. Trabajé con él durante varios meses.

Sofía vuelve a mirar la fotografía. Su padre aparece sonriendo, con una mano apoyada sobre el hombro de Víctor.

SOFÍA: Estuviste conmigo el día de su aniversario. Me escuchaste hablar de él, viste sus fotos en casa… ¿y nunca pensaste decirme que lo conocías?

VÍCTOR: Sí lo pensé.

SOFÍA: Pero decidiste callarte.

VÍCTOR: Sí.

Sofía coloca la fotografía sobre el escritorio con cuidado, como si fuera lo único de aquella habitación que todavía mereciera confianza.

SOFÍA: Entonces empieza desde el principio. Y si vuelves a decirme que lo haces para protegerme, me voy.

Víctor acerca una silla, pero espera a que ella se siente antes de ocupar la otra.

VÍCTOR: Yo trabajaba revisando operaciones financieras para un despacho. Tu padre nos contrató porque encontró irregularidades en varias sociedades con las que había hecho negocios. Préstamos que cambiaban de acreedor sin una explicación clara, cargos duplicados, garantías que aparecían en documentos que él no recordaba haber autorizado.

SOFÍA: ¿Era una investigación?

VÍCTOR: Una revisión privada. Cuando empezamos a encontrar cosas más serias, él quiso reunir las pruebas antes de presentar una denuncia.

SOFÍA: ¿Y esas sociedades son las mismas a las que yo les debo?

VÍCTOR: Algunas. Otras cambiaron de nombre. Después de su muerte quedaron obligaciones pendientes de la empresa familiar. Tú firmaste refinanciaciones para evitar que ejecutaran las garantías.

Sofía se frota la frente. Recuerda las reuniones, las llamadas y la urgencia con la que le aconsejaron firmar.

SOFÍA: Me dijeron que era la única forma de conservar la casa y terminar de pagarles a los empleados.

VÍCTOR: Parte de esa deuda era real. Lo que todavía estamos revisando son los recargos, las cesiones y algunas garantías añadidas después.

SOFÍA: ¿Quiénes son “estamos”?

VÍCTOR: Una abogada del despacho y yo. Sus datos están en la carpeta. Puedes buscar su número por tu cuenta.

Sofía encuentra una tarjeta, la deja junto a su teléfono y continúa pasando las hojas.

SOFÍA: ¿Por eso te acercaste a mí?

Víctor tarda en responder. Ella levanta la mirada.

SOFÍA: No te estoy preguntando si me quieres. Te estoy preguntando por qué apareciste en mi vida.

VÍCTOR: Porque necesitaba saber quién estaba presionándote y qué documentos te estaban haciendo firmar.

Sofía se levanta despacio.

SOFÍA: Yo te contaba mis problemas porque confiaba en ti.

VÍCTOR: Lo sé.

SOFÍA: Te enseñé mis cuentas. Te conté que había noches en las que no podía dormir. Y tú estabas recogiendo información.

VÍCTOR: Al principio, sí.

Ella se aparta de él y camina hasta la ventana. Abajo, varios vehículos abandonan el edificio. Todavía quedan flores de la boda en la entrada.

SOFÍA: ¿Cuántas cosas de lo nuestro fueron preparadas?

VÍCTOR: El primer encuentro. Sabía que ibas a estar en aquella exposición.

Sofía asiente, intentando asimilarlo.

SOFÍA: Me dijiste que habías entrado porque estaba lloviendo.

VÍCTOR: Fue mentira.

SOFÍA: ¿Y la boda?

VÍCTOR: Cuando te pedí matrimonio, quería casarme contigo. Pero también sabía algo que no te había contado.

Sofía se vuelve hacia él.

SOFÍA: Sigue.

Víctor busca un documento y lo deja abierto sobre el escritorio.

VÍCTOR: Tu padre dejó ciertos activos en un fideicomiso. Hay dinero, participaciones de empresas y un archivo de la revisión que estábamos haciendo.

SOFÍA: A mí me dijeron que la sucesión seguía bloqueada.

VÍCTOR: Una parte sigue en revisión. Este patrimonio se constituyó antes y tiene sus propias condiciones.

SOFÍA: ¿Qué condiciones?

VÍCTOR: Entre otras, que una beneficiaria casada tenga que presentar la conformidad de su cónyuge para determinadas decisiones sobre esos activos.

Sofía lee el párrafo que él señala.

SOFÍA: ¿Y tú sabías que, después de hoy, mi firma iba a necesitar la tuya?

VÍCTOR: Para esas operaciones, sí.

SOFÍA: Entonces también te casaste conmigo para tener poder sobre eso.

VÍCTOR: Pensé que podía impedir que te obligaran a autorizar una transferencia.

SOFÍA: Sin preguntarme si yo quería darte ese poder.

Víctor no encuentra cómo responder.

SOFÍA: No importa cómo lo expliques. Decidiste por mí.

VÍCTOR: Tienes razón.

Sofía cierra el documento.

SOFÍA: ¿Quién está intentando quedarse con esos activos?

VÍCTOR: Aster Capital ha comprado casi todas tus deudas. Hace dos semanas pidió una relación de tus bienes presentes y futuros. Entre los anexos había una autorización para solicitar información sobre el fideicomiso.

SOFÍA: Me dijeron que era un trámite de la refinanciación.

VÍCTOR: Lo recuerdo.

SOFÍA: Estabas conmigo cuando me lo explicaron.

VÍCTOR: Por eso te pedí que no firmaras ese día.

Sofía recuerda la discusión que tuvieron al salir de aquella oficina. Él se negó a explicarle su insistencia y ella terminó agradeciéndole que la acompañara.

SOFÍA: Pudiste decírmelo ahí. Había tiempo para cancelar todo.

VÍCTOR: Sí. Lo había.

Ella recoge su teléfono y fotografía varias páginas.

SOFÍA: Mañana voy a revisar esto con alguien que yo elija. Hasta entonces no firmo nada y tú tampoco presentas ningún documento en mi nombre.

VÍCTOR: De acuerdo.

SOFÍA: Y esta noche no voy a dormir aquí contigo.

VÍCTOR: Entendido.

Mientras guarda los papeles, Sofía encuentra una anotación manuscrita de su padre. Reconoce de inmediato su letra.

SOFÍA: “No autorizar movimientos solicitados por A. V.” ¿Quién es A. V.?

Víctor mira la hoja.

VÍCTOR: Creemos que Adrián Valdés. Era asesor de tu padre y participó en la constitución del fideicomiso.

SOFÍA: Adrián estuvo hoy en la boda.

VÍCTOR: Lo vi.

SOFÍA: Me abrazó. Me dijo que mi padre habría estado orgulloso.

Víctor permanece callado.

SOFÍA: ¿Tienes pruebas contra él?

VÍCTOR: Tengo documentos que lo relacionan con algunas operaciones. No bastan para afirmar que dirige Aster.

SOFÍA: Entonces eso es lo que vas a decirme: lo que sabes y lo que sospechas. Por separado.

Antes de que Víctor responda, el teléfono de Sofía vibra sobre el escritorio. Es un mensaje de un número desconocido.

Enhorabuena por la boda. Pregúntale a Víctor cuándo vio a tu padre por última vez.

Sofía deja el teléfono frente a él.

SOFÍA: Contesta.

Víctor lee el mensaje y se queda quieto.

VÍCTOR: Tres días antes del accidente.

SOFÍA: ¿Dónde?

VÍCTOR: En su oficina.

SOFÍA: ¿Para qué?

VÍCTOR: Me entregó un informe y me dijo que había localizado una cuenta que no figuraba en la contabilidad.

SOFÍA: ¿Dónde está ese informe?

VÍCTOR: Lo devolví al despacho para que lo revisaran. Cuando pedimos los anexos que faltaban, tu padre ya había muerto y su oficina había sido vaciada.

Sofía se sienta. Esta vez no parece enfadada, sino agotada.

SOFÍA: ¿Crees que lo que pasó tuvo relación con eso?

VÍCTOR: Lo sospeché. No pude demostrarlo.

SOFÍA: ¿Se lo dijiste a la policía?

VÍCTOR: Declaré y entregué lo que tenía. Hay una copia de mi declaración en la carpeta.

Sofía busca el documento. Comprueba la fecha, pasa dos páginas y lo deja sobre sus piernas.

SOFÍA: Cuatro años pensando que aquella parte de mi vida estaba cerrada…

Víctor mueve una silla para acercarse, pero ella niega con la cabeza. Él se detiene.

Llega otro mensaje.

Esta noche no es segura para ninguno de los dos.

Sofía mira hacia la puerta del dormitorio.

SOFÍA: ¿Quién sabe que estamos aquí?

VÍCTOR: Los invitados sabían que volveríamos al apartamento. También el personal del edificio y la empresa de seguridad.

SOFÍA: ¿La contrataste tú?

VÍCTOR: Sí.

SOFÍA: ¿Hay alguien que te preocupe?

Víctor toma su teléfono.

VÍCTOR: Bruno Costa. Coordinó los traslados de hoy. Esta tarde me llamó por mi apellido en un pasillo, antes de que nos presentaran.

SOFÍA: Todo el mundo sabía cómo te llamabas.

VÍCTOR: Dijo algo más. Una frase que utilizábamos en el despacho donde trabajaba con tu padre. Cuando le pregunté de dónde la había sacado, cambió de tema.

SOFÍA: ¿Y aun así seguimos con la boda?

VÍCTOR: Pensé que podía estar equivocado.

SOFÍA: Has estado tan seguro para unas cosas y tan dispuesto a dudar de otras…

Víctor llama a Bruno. El teléfono está apagado. Después llama a recepción y activa el altavoz.

VÍCTOR: Buenas noches. ¿Bruno Costa sigue en el edificio?

VOZ DE RECEPCIÓN: Salió hace aproximadamente una hora, señor Álvarez.

VÍCTOR: ¿Dejó algún relevo?

VOZ DE RECEPCIÓN: Aquí solo está nuestro personal habitual.

VÍCTOR: Gracias. No permitan que nadie suba sin consultarnos primero.

Víctor termina la llamada. Sofía se quita los zapatos y los deja juntos bajo la silla. Necesita moverse con libertad.

SOFÍA: Voy a pedirle a mi tía que venga. No voy a salir sola.

Víctor asiente. Mientras ella escribe, él mira un segundo sobre que continúa dentro de la carpeta.

VÍCTOR: Hay una carta de tu padre.

Sofía deja de escribir.

SOFÍA: ¿Otra cosa que ibas a contarme después?

VÍCTOR: Me la entregó cerrada, junto con los documentos. Me pidió que te la diera cuando recibieras asesoramiento independiente sobre el fideicomiso.

SOFÍA: Y yo no he recibido ese asesoramiento.

VÍCTOR: No.

SOFÍA: Dame la carta.

Víctor se la entrega. Sofía comprueba que el sobre conserva el cierre y reconoce su nombre escrito en el frente. Lo abre con los dedos, procurando no romper la hoja.

Lee en silencio las primeras líneas. Después apoya la carta sobre el escritorio.

SOFÍA: Dice que no debo firmar nada hasta que un abogado elegido por mí revise las condiciones. Ni siquiera contigo.

VÍCTOR: Es lo correcto.

SOFÍA: Tendrías que haber empezado por aquí.

Sofía continúa. Su expresión cambia al llegar a la mitad de la página. Vuelve atrás y lee el mismo párrafo.

VÍCTOR: ¿Qué dice?

Ella tarda en responder.

SOFÍA: Que hay otra beneficiaria.

Víctor se acerca lo suficiente para escuchar, sin intentar quitarle la carta.

SOFÍA: “Se llama Elena. Es tu hermana mayor”.

El ruido del aire acondicionado llena el silencio. Sofía mira la firma al final de la hoja y luego regresa al párrafo.

SOFÍA: Mi madre tuvo una niña antes que yo. Lo sabía, pero siempre me dijeron que había muerto al nacer.

Víctor observa la carta.

VÍCTOR: ¿Tu padre habla de eso?

Sofía asiente y lee en voz alta, con dificultad.

SOFÍA: “Hace unos meses recibí información que contradice lo que nos dijeron en el hospital. Encontré un registro de adopción y he iniciado las comprobaciones. No quiero darte una esperanza sin estar seguro, pero tampoco quiero que esta información vuelva a perderse”.

Sofía deja la hoja. Víctor le acerca un vaso de agua que estaba en la mesa de noche. Ella lo acepta.

SOFÍA: ¿Tú lo sabías?

VÍCTOR: No. Nunca me habló de una hija mayor.

SOFÍA: Aquí dice que dejó los registros con el administrador del fideicomiso.

Víctor revisa el índice de los documentos. Encuentra una referencia a dos beneficiarias, aunque la copia que tiene no incluye el anexo con sus identidades.

VÍCTOR: Esta página estaba incompleta desde que nos entregaron el expediente.

Sofía lo mira con rabia contenida.

SOFÍA: Entonces llevabas meses tomando decisiones sobre un documento que ni siquiera tenías completo.

Víctor deja de revisar.

VÍCTOR: Sí.

Sofía bebe un poco de agua. Después toma su teléfono y termina el mensaje para su tía: le pide que vaya acompañada y que la llame al llegar.

El teléfono de Víctor vibra. Recibe una fotografía de una mujer con vestido de novia, tomada en el vestíbulo de un hotel. Al abrir la imagen, aparece un mensaje.

Elena también se casó esta noche.

Víctor coloca el teléfono junto a la carta.

SOFÍA: ¿Quién manda esto?

VÍCTOR: No lo sé.

SOFÍA: No sabemos si esa mujer es mi hermana.

VÍCTOR: No.

Llega una segunda fotografía. La misma mujer está junto a un hombre vestido de novio. Él aparece de perfil, mirando hacia otra persona fuera del encuadre. Víctor amplía la imagen.

VÍCTOR: Es Bruno.

Sofía toma el teléfono y compara el rostro con la fotografía de perfil del contacto que Víctor acaba de llamar.

SOFÍA: El de seguridad.

VÍCTOR: Sí.

Ella vuelve a mirar la carta. Busca el párrafo sobre las condiciones del patrimonio y lo lee con más atención.

SOFÍA: Aquí dice que las dos beneficiarias deben intervenir en las decisiones sobre la propiedad principal. No dice que una pueda quedarse con todo.

VÍCTOR: Entonces necesitan acercarse a las dos.

SOFÍA: O quieren hacernos creer que tenemos que enfrentarnos.

Un nuevo mensaje aparece en la pantalla.

Dos hermanas. Dos matrimonios. El mismo patrimonio.

Víctor comienza a escribir, pero Sofía le sujeta la mano.

SOFÍA: No contestes.

Él borra las palabras.

SOFÍA: Quieren saber qué hemos descubierto. Cada vez que respondamos, les vamos a dar algo.

Sofía reúne la carta, las fotografías de los documentos y la copia del fideicomiso. Los guarda en su bolso. Después toma una fotografía del número desde el que están recibiendo los mensajes.

VÍCTOR: Sofía, si Bruno está con ella…

SOFÍA: Mañana un abogado comprobará quién es esa mujer. Y si es mi hermana, voy a hablar con ella antes de creer cualquier cosa que me manden sobre su vida.

VÍCTOR: Puedo ayudarte a encontrarla.

Sofía lo mira con firmeza.

SOFÍA: Puedes entregarme lo que tengas. Lo demás lo decido yo.

Víctor asiente y deja su teléfono sobre el escritorio, a su alcance.

Suena una llamada. Es la tía de Sofía. Ella responde y se aparta unos pasos.

SOFÍA: Sí, estoy bien. Necesito que vengas por mí. Ven con alguien, por favor… Después te explico.

Mientras escucha, Sofía mira por última vez la prótesis que permanece en el suelo. Luego observa a Víctor: la camisa mal abotonada, las manos vacías, la expresión del hombre al que unas horas antes había creído conocer.

Termina la llamada y recoge sus zapatos.

VÍCTOR: ¿Puedo llamarte mañana?

SOFÍA: Mañana voy a necesitar respuestas. Si vas a hablar conmigo, asegúrate de que no tenga que descubrirlas después.

Sofía sale del dormitorio con el bolso al hombro. Víctor permanece junto al escritorio.

En la pantalla de su teléfono entra un último mensaje.

Bruno ya contó su versión. ¿Cuál crees que va a creer Elena?

Víctor levanta la vista hacia la puerta, pero esta vez no llama a Sofía para pedirle que se quede.

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